lunes, 14 de enero de 2013


Escribe Medardo Fraile (El cuento de siempre acabar, p.428):

 "Angulema tenía todas las trazas de una ciudad ascética. La vi en la pendiente de una colina, enloquecida en su afilada esbeltez, llena de grises. El Greco hubiera hecho un gran cuadro de ella. Parecía funeral, silenciosa, un punto menos que ciudad de muertos. Debía de haber en ella pedazos vivos de tiempo, hidalgos azorinianos que contemplan irresolutos el tren y sus propios recuerdos y rezan mirando el camino a París o a Jerusalén. Me hubiera gustado vivirla, conocerla a fondo."

No hay comentarios:

Publicar un comentario